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La poda: pensando en el futuro

En invierno se realiza un trabajo clave en la finca: la poda, que permite el sano crecimiento de las plantas.

La poda: pensando en el futuro

Se trata de una labor tan importante como la cosecha.

Al igual que sucede en el campo con todos los cultivos, cada una de las decisiones que se toman en el viñedo durante el ciclo productivo de la vid es trascendental para obtener vinos de calidad. Es por eso, justamente, que la intervención humana sobre las plantas y el entorno natural también forma parte del concepto de terruño que involucra al suelo, el clima, los cepajes y la geografía.
Entre todos esos trabajos agronómicos que se realizan en las fincas, la poda de invierno es fundamental para mantener la forma de las plantas y controlar su sano crecimiento. Junto con la cosecha, esta es sin dudas la labor cultural más importante de las que llevamos adelante todos los años en el viñedo.

En condiciones naturales, la vid es una liana trepadora cuyos sarmientos o ramas pueden alcanzar hasta 30 metros de largo. Por este motivo, la poda consiste en intervenir las plantas para reducir -con la tijera de podar- su parte vegetativa y limitar su crecimiento natural, lograr un rendimiento equilibrado y obtener así una menor cantidad de racimos pero con una mayor concentración de colores y compuestos organolépticos.
En la temporada invernal, entre los meses de julio y agosto, esta selección de los sarmientos y de las yemas también permitirá que a partir de la primavera los frutos que nazcan de las plantas puedan estar más ventilados y contar con una mejor insolación. Por lo tanto, la poda no solo mejora el rendimiento de las vides, sino que también favorece la sanidad de las uvas.


Tal como dice el Ing. Alberto Arizu (p): en todos los trabajos que se realizan en la finca –desde el momento mismo en el que se planta un viñedo– siempre hay que tener razones

Si bien podamos las vides todos los años, la poda está muy lejos de ser una actividad estandarizada; por el contrario, siempre es diferente porque depende de las necesidades específicas de cada planta. El equipo agronómico de Luigi Bosca debe interpretar cada una de nuestras vides para lograr equilibrio y armonía dentro de la viña, dos características fundamentales para obtener frutos de la más alta calidad.
Tal como dice el Ing. Alberto Arizu (p): en todos los trabajos que se realizan en la finca –desde el momento mismo en el que se planta un viñedo– siempre hay que tener razones. En el caso de la poda invernal, hay que saber claramente qué vino queremos elaborar a partir de las uvas que se originan en esas plantas. Desde ese momento, es suficiente seguir esa convicción y poder interpretar la planta para lograr “moldearla” y que produzca los frutos que necesitamos para concretar el vino que tenemos en mente.

La antigüedad, clave para la poda
Más allá de las necesidades particulares de cada planta, la edad de las vides también determina la poda que se llevará a cabo en cada una de ellas.
En el caso de las plantas jóvenes, implantadas recientemente en una finca, las primeras podas –llamadas “podas de formación”- definen el tipo de crecimiento que tendrá a futuro. Así como el sistema de conducción elegido (parral o espaldero son los más comunes en nuestro país), el rendimiento que tendrá una viña es diferente según el terruño, la variedad implantada y el clima de la zona.
En el caso de las plantas más añejas, la poda regula el crecimiento y equilibra su producción para lograr, al final del ciclo productivo, la expresión que nuestros agrónomos y enólogos buscan en los frutos para elaborar los vinos de acuerdo al estilo de la bodega.