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La vendimia: los pasos claves del proceso

La vendimia: los pasos claves del proceso.

Las uvas se convierten en el corazón de nuestro proceso y su salud es fundamental para asegurar la excelencia de nuestro vino.

A medida que los días avanzan, nos aproximamos al momento más especial del año: la vendimia, que marca el fin de un arduo ciclo de doce meses en el cultivo de la vid.

Las uvas se convierten en el corazón de nuestro proceso y su salud es fundamental para asegurar la excelencia de nuestro vino. Son el ingrediente esencial en la receta: si las uvas presentan problemas, se anula toda posibilidad de lograr un gran vino.

En el mundo de la viticultura, consideramos una uva «sana» cuando se cosecha en el momento justo, no muy verde ni excesivamente madura, sino en un punto equilibrado. Este estado de madurez influye en la cantidad de azúcar en el mosto y, por ende, en la proporción de alcohol durante la fermentación.

Cada tipo de uva tiene su propio ritmo de maduración. Algunas variedades maduran temprano, mientras que otras requieren más tiempo. Es como un ballet donde la sincronización es crucial. Una cosecha temprana puede resultar en vinos ácidos, mientras que una uva sobre madura producirá vinos pesados y excesivamente dulces.

En cuanto a nuestras variedades tintas, la Pinot Noir es la primera en ser cosechada para preservar su frescura, acidez y cuerpo medio. A continuación, cosechamos el Malbec, nuestra cepa emblemática de Argentina.

En nuestro caso, la vendimia comienza con la recolección de uvas para vinos espumantes, como los varietales Chardonnay y Pinot Noir, que son cosechadas un poco antes del punto de maduración para preservar su frescura. Luego, nos enfocamos en las uvas blancas, comenzando por la Sauvignon Blanc, que demanda cuidado para preservar su acidez. Otra uva blanca que recolectamos en este momento es el Riesling, un cepaje que también requiere un cuidado minucioso en el viñedo para lograr vinos vivaces.

En cuanto a nuestras variedades tintas, la Pinot Noir es la primera en ser cosechada para preservar su frescura, acidez y cuerpo medio. A continuación, cosechamos el Malbec, nuestra cepa emblemática de Argentina. Finalmente, llega el turno del Cabernet Sauvignon, el tinto más sobrio y señorial, cuyos ejemplares más destacados suelen tener largas crianzas en barricas de madera.

Determinar el punto óptimo de madurez es crucial para lograr vinos equilibrados en azúcar y acidez. Así, nuestra atención meticulosa en el momento de la cosecha de cada variedad se erige como el primer paso para la creación de vinos memorables, que perduran en los recuerdos de quienes tienen el placer de degustarlos.