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Las uvas y el clima: una conexión que define cada vino

Las uvas y el clima: una conexión que define cada vino.

Esta conexión constituye un factor crítico que da forma al destino de las uvas y, por ende, a la calidad de los vinos que se producen.

El arte de la viticultura se entrelaza con las sutilezas del clima en dimensiones que van más allá de lo que uno puede imaginarse. Esta conexión constituye un factor crítico que da forma al destino de las uvas y, por ende, a la calidad de los vinos que se producen. En cada bodega, la gestión de riesgos y las decisiones estratégicas durante el ciclo de la vid son fundamentales para alcanzar la deseada madurez y exquisitez en cada cosecha.

Temperatura: un elemento clave para el desarrollo de la viña

Mendoza, ubicada entre las latitudes 33º y 37º, presenta condiciones climáticas ideales para la viticultura. La temperatura, siendo el factor climático más influyente, desempeña un papel crucial en el desarrollo metabólico de la viña. Con un ciclo de fotosíntesis que se despliega entre los quince y treinta grados centígrados, es evidente que la región mendocina brinda el escenario perfecto para el florecimiento de las vides.

Sin embargo, la temperatura no es solo un aliado; es un desafío a gestionar con precisión. Un periodo prolongado de suaves temperaturas es esencial para lograr la ansiada madurez de las uvas, pero temperaturas superiores a los 35º pueden detener el proceso de maduración. Aquí, la maestría del viticultor radica en encontrar el equilibrio, aprovechando las variaciones térmicas entre el día y la noche para potenciar la calidad y complejidad de las uvas.

La amplitud térmica, marcada por la diferencia entre las temperaturas diurnas y nocturnas, se convierte en un aliado invaluable.

Altitud: el arte de jugar con la geografía

Muchos de nuestros viñedos están estratégicamente ubicados a altitudes superiores a mil metros sobre el nivel del mar. Desde Los Nobles a 1026 metros, pasando por Los Miradores a 1070 metros, hasta llegar a Miralejos a 1085 metros.

Esta elección no es fortuita. La altitud, más allá de ser un simple dato geográfico, se convierte en un recurso clave para modular el microclima de nuestros viñedos. Cada 100 metros de elevación se reduce la temperatura media en aproximadamente 0,6º, proporcionando condiciones óptimas para el desarrollo de uvas de calidad. De esta forma, cada viñedo desde su posición elevada, contribuye a la creación de vinos excepcionales que reflejan la influencia única de las alturas mendocinas.

Amplitud Térmica: el secreto de la elegancia en el vino

La amplitud térmica, marcada por la diferencia entre las temperaturas diurnas y nocturnas, se convierte en un aliado invaluable. Cuando esta variación es significativa, las uvas logran un equilibrio excepcional, conservando su acidez y estructura. Es aquí donde el carácter único de los vinos mendocinos cobra vida, gracias a la meticulosa atención a los detalles en la gestión de las condiciones térmicas.

En resumen, en la región de Mendoza, la vendimia no es solo un acto de recolección; es una coreografía armoniosa entre el viñedo y las condiciones climáticas. La bodega, con su conocimiento profundo de los matices geográficos y meteorológicos, teje una narrativa única en cada botella, celebrando la sinfonía de la naturaleza y la destreza humana.