Skip links

Tendencias: menos madera, más terroir

Tendencias: Menos madera, más terroir

La madera, en su medida justa.

Históricamente, la madera y el vino se han complementado muy bien. Sin embargo, en sus orígenes las barricas eran utilizadas únicamente para el almacenamiento y transporte de vinos. Por su forma y su tamaño, eran objetos útiles para la comercialización de esta bebida ya que era fácil hacerlas rodar; así, permitían transportar grandes volúmenes de vino entre dos personas. A partir de ese momento nació el uso del barril y los bodegueros y enólogos comenzaron a reconocer los beneficios que se percibían luego de su contacto con los vinos, especialmente tintos.

Entre todos los tipos de madera que existen, la del roble demostró ser la mejor para el añejamiento de vinos. Es una madera dura y aromática, con esencias que se amalgaman con las notas organolépticas propias de la mayor parte de los tintos. Lo más importante que aporta al vino son los taninos propios del roble, que agregan algo más de cuerpo y estructura. Asimismo, el intercambio entre los compuestos del recipiente y la bebida otorga redondez y modifica las características que se perciben en la sensación táctil, el sabor y los aromas del vino.

Incluso hasta fines de los años ‘90, la calidad del vino a nivel mundial estaba directamente asociada a su crianza en barricas de roble. En Argentina -y también en el resto de los países productores-, los vinos de alta gama eran aquellos fermentados en tanques de acero inoxidable y criados por meses o incluso años en barricas de roble nuevas. A partir de este proceso se obtenían vinos muy maduros, golosos, con notas a mermelada, mucha torrefacción y ahumados propios de la madera.

Con el correr del tiempo, las bodegas, enólogos y agrónomos del mundo han ido perfeccionando sus técnicas de elaboración, la calidad de los vinos fue evolucionando y su estilo también cambió sustancialmente. Una de las tendencias globales que marcaron esta evolución cualitativa es, justamente, que los vinos actuales tienen menos presencia de madera: sus crianzas en barricas son más cortas y muchas veces se realizan en barricas previamente usadas.

¿A qué se debe este cambio? En primer lugar, hay que tener en cuenta que en muchos casos el exceso de barrica termina por opacar la fruta, la tipicidad de la variedad y la expresión del terroir

¿A qué se debe este cambio? En primer lugar, hay que tener en cuenta que en muchos casos el exceso de barrica termina por opacar la fruta, la tipicidad de la variedad y la expresión del terroir. Ocultando el carácter del vino, también se esconde su singularidad, aquello que lo hace único e irrepetible. Pero además, esta tendencia viene acompañando otra aún búsqueda aún más importante: la de hacer vinos de terroir, ejemplares con menos intervención humana y técnica que modifique sus aromas, sabores y texturas. Hoy, las bodegas del mundo se inclinan por elaborar vinos más puros y transparentes, que representen de forma fiel el lugar del que provienen, su finca o incluso un lote determinado.
Como embajadora de los vinos de lujo de Mendoza, Luigi Bosca acompaña esta tendencia de reducir el uso de barricas para que, a través de su goût de terroir, cada vino exprese su propia identidad y todo su potencial.

“Nuestra filosofía en el uso de madera consiste en aportar a los vinos más fineza y llevar los grandes vinos a su máxima expresión. Mediante el uso de barricas lo que hacemos es redondear el vino sin “maderizarlo”, para evitar que sus notas impacten en la boca antes que la fruta y el carácter del terroir. En el contacto entre el vino y la madera son miles de sustancias y moléculas las que se van juntando y moldeando cadenas de carbono e hidrógeno que forman los diferentes aromas que encontramos en un ejemplar de calidad”

Ing. Alberto Arizu