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“Nosotros no elegimos al Malbec, el Malbec nos eligió a nosotros”

“Nosotros no elegimos al Malbec, el Malbec nos eligió a nosotros”

El Malbec: uva de casta noble, asociada a reyes y príncipes. Nacida en Francia y expandida por el Imperio Romano. Se afincó en el sudoeste de Francia, en un lugar llamado Cahors, a 70 kilómetros al norte de Toulouse.

En el marco del Día Mundial del Malbec, Alberto Arizu (h), CEO y cuarta generación de Bodega Luigi Bosca y ex Presidente de Wines of Argentina, realiza un recorrido histórico de la variedad y reflexiona sobre su pasado, presente y futuro.

El Malbec: uva de casta noble, asociada a reyes y príncipes. Nacida en Francia y expandida por el Imperio Romano. Se afincó en el sudoeste de Francia, en un lugar llamado Cahors, a 70 kilómetros al norte de Toulouse. Allí se cultivaba este cepaje con el que se elaboraban vinos denominados “vinos de Cahors” por el nombre de la región. Fue muy importante en la época medieval, se esparció por todo el sudoeste de Burdeos, llegando a abarcar cerca de 60.000 hectáreas.

Pero fue una Reina la que tuvo una particular afinidad con esta variedad y ayudó a difundir sus virtudes más allá de las fronteras de Francia: Leonor de Aquitania.
Nacida en 1122 en Poitiers, heredera del inmenso Ducado de Aquitania por derecho propio, se casó luego con Luis VII y se convirtió en Reina de Francia y luego de divorciarse, se casó con Enrique II en 1152 y se convirtió en Reina de Inglaterra.

Ha sido sin dudas una de las mujeres más relevantes e influyentes de la Edad Media. Famosa por celebrar grandes fiestas donde exaltaba el amor cortés de los caballeros por sus damas. Y es por ese reconocimiento, se conocieron las “historias del malbec que se bebían en sus cortes del amor”. Gracias a Leonor de Aquitania y sus encantos, esta cepa maravillosa logró cautivar con sus colores profundos y paladares algo rústicos, a los ingleses, que bebían los “oscuros caldos de Cahors”.

Y hubo otros… como sucedió a finales del siglo XVII, el Zar de Rusia, Pedro el Grande, bebía regularmente vinos de Malbec y la historia cuenta que, según él, esto fue un factor que ayudó al gobernante a sanar su úlcera de estómago. Así, propició la introducción de la variedad en el Imperio Ruso, más específicamente en la región de Crimea, cuyos vinos fueron usados para celebrar la Santa Misa. Pero fue durante mediados del siglo XVIII cuando el Malbec se propagó finalmente, gracias al apoyo de la emperatriz Catalina la Grande.

Nuestro Malbec tiene potencial de vino robusto, sólido, franco, honesto, desarrollando notables matices de concentración frutal. Su sabor es como una intensa vinosidad concentrada. El Malbec es, por decirlo de alguna manera, el vino con más gusto a vino entre los vinos tintos, es directo y llena la boca con fuerza, sin aristas ácidas ni herbáceas.

En la región de Burdeos formó parte importante en los cortes de los grandes vinos de la región, sobre todo aquellos que, a partir de 1855, por insistencia de Napoleón III, pasaron a ser clasificados como “Grand Cru Classés”. Y el Malbec, les aportaban brío y color a los “claretes” de la región.

Todo fue esplendor para el Malbec hasta el siglo XIX, hasta que finalmente recibió un golpe devastador. La plaga de la pfiloxera atacó gran parte de los viñedos de Francia destruyendo una parte muy importante y haciendo desaparecer muchas variedades, entre ellas el Malbec.

El Malbec en Argentina

El Malbec llega a la Argentina alrededor de 1850, de la mano de un botánico francés llamado Michel Aime Pouget, que Domingo Faustino Sarmiento conoció durante su tiempo de Embajador en Chile. Fue finalmente contratado por Sarmiento para llevar adelante la dirección de la Quinta Agronómica de Mendoza, primer escuela de agricultura del país.

Siguiendo el modelo de Francia, esta iniciativa proponía incorporar nuevas variedades de cepas como medio para mejorar la industria vitivinícola nacional. Posiblemente sea el inicio de una vitivinicultura organizada como la conocemos hoy. El 17 de abril de 1853, con el apoyo del gobernador de Mendoza, Pedro Pascual Segura, se presentó el proyecto ante la Legislatura Provincial, con vistas a fundar la Quinta Normal y su Escuela de Agricultura. Por eso celebramos en este día, el Día Mundial del Malbec, que todos los años llena cientos de ciudades alrededor del mundo de sus inconfundibles aromas, su dulzura y despliega su toda su elegancia.

Los Argentinos somos afortunados de tener este tesoro que encontró un nuevo hogar a miles de kilómetros de su origen, cultivada durante más de un siglo por inmigrantes, como mi bisabuelo, que llegaron a nuestro país, próspero y pujante, en búsqueda de nuevos horizontes y dieron forma pacientemente a los vinos que hoy bebemos y disfrutamos en el mundo entero. Esta cepa, delicada que se cosecha más tarde, susceptible al frío y a la falta de sol, encontró en Mendoza un clima seco y soleado, ideales para su desarrollo.

Siempre me gustó decir, “nosotros no elegimos el Malbec, el Malbec nos eligió a nosotros”. Dentro del extenso parque varietal, traído por estos inmigrantes, en su gran mayoría del Mediterráneo, muchos de ellos como mi familia, cultivadores de la vid por generaciones, fueron descubriendo que las alturas que ofrecía nuestra cordillera, con suelos conformados por desmembramiento de la montaña, que forman distintos conos de suelos diversos, con suelos poco fértiles, cultivados en desiertos e irrigados con el agua proveniente del deshielo, crearon el lugar perfecto para ver nacer nuestro Malbec, que hoy celebramos.

Nuestro Malbec tiene potencial de vino robusto, sólido, franco, honesto, desarrollando notables matices de concentración frutal. Su sabor es como una intensa vinosidad concentrada. El Malbec es, por decirlo de alguna manera, el vino con más gusto a vino entre los vinos tintos, es directo y llena la boca con fuerza, sin aristas ácidas ni herbáceas. Sus taninos dulces y redondos son el mejor sustento para los envolventes aromas a ciruelas maduras, arrope y mermelada. En esas condiciones, posee un excelente potencial de guarda.

Por todo esto y con una visión deslumbrante, un grupo de notables productores, entre ellos mi padre, Alberto Arizu y Raúl de la Mota fundaron en 1989, la primer Denominación de Origen de América. La Denominación de Origen Controlada de Luján de Cuyo, cuna de grandes Malbec, sin duda aquellos Malbec que conquistaron al mundo a partir de la década de 1990.

Hoy el Malbec representa casi el 50% de nuestras exportaciones y está presente en 126 países del mundo, siendo el producto argentino más reconocido en el mundo entero. Y de esta manera ayudó a posicionar a nuestro país como uno de los jugadores más relevantes en el concierto mundial.

Sin embargo, el consumo de Malbec representa 3% del total de variedades, lo que demuestra el extraordinario potencial que aún tiene Argentina para seguir creciendo y desarrollando su vitivinicultura, principalmente de la mano de sus exportadores.

Obviamente que Argentina es aún más que Malbec, pero sin dudas esta cepa es y será un sello de distinción de nuestra vitivinicultura y hemos sido bendecidos por ello. Hoy nuestras bodegas y equipos técnicos dedican su tiempo al descubrimiento permanente de las diversas expresiones de esta variedad en un sinnúmero de terruños a lo largo de la extensa cordillera. No en vano Argentina tiene casi 3.500 kilómetros de Norte a Sur y cerca de 100 mil hectáreas cultivadas a más de 1.000 mts de altura que genera una diversidad increíble y eso imprime un carácter único e irrepetible en sus vinos.

Debemos estar muy orgullosos de lo que hemos sido capaces de hacer con nuestro Malbec que hace casi dos siglos, nos eligió como su lugar en el mundo. Celebremos este 17 de Abril por nuestro Día Mundial del Malbec, levantando nuestras copas para brindar por nuestro pasado y el futuro que está por venir.

Alberto Arizu (h) CEO y cuarta generación de Bodega Luigi Bosca.
Ex Presidente de Wines Of Argentina

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